En México ocurrió el mayor accidente nuclear de todo América, dos años antes del desastre de Chernóbil

En la actualidad, la preocupación por el medio ambiente es cada vez mayor y muchas empresas están buscando formas de reducir su impacto ambiental.

En este sentido, el uso de hidrógeno como fuente de energía limpia se está convirtiendo en una alternativa cada vez más popular en todo el mundo.

En este texto, exploraremos las ventajas y desventajas de la utilización de hidrógeno como combustible y su impacto en el medio ambiente. Si te interesa conocer más acerca de esta tecnología, ¡sigue leyendo!

El segundo más grande fue en Chernóbil

Cuando se habla de accidentes nucleares y contaminación por radiación, el acontecimiento que nos viene a la mente rápidamente es el ocurrido en la central nuclear de Chernóbil, en abril de 1986.

Y en realidad esto no tiene nada de raro, pues es considerada la catástrofe nuclear más grande de la historia.

Las cifras exactas de cuántas víctimas hubo en este accidente son muy discutidas hasta la actualidad y probablemente nunca se conozcan, pero sin duda fueron muchas, pues se sabe que miles y miles de personas estuvieron expuestas a cantidades peligrosas de radiación para la salud.

Existe una lista oficial de víctimas directas, todos ellos operarios de la planta o rescatistas que llegaron en un primer momento a la emergencia. Esta lista solo tiene 31 personas.

Pero un par de años antes de que ocurra esta catástrofe, en este lado del mundo ocurriría una que dejaría perplejos a muchos por como sucedió. Una combinación de irresponsabilidad, ignorancia y negligencia que llevó a un tremendo alcance de contaminación en México y Estados Unidos. Veamos la historia.

La negligencia y el abandono de una máquina radioterapéutica que terminó en un desastre nuclear

El Yonke Fénix, lugar donde se vendió el material radiactivo sin saber que lo era. Créditos: Comisión Nacional de Seguridad Nuclear.

Los antecedentes de este accidente nos llevan varios años antes, hasta la década de 1970, pero es necesario para comprender cómo pasó.

En el año 1977, el Centro Médico de Especialidades de la Ciudad Juárez, en México, adquirió una máquina de radioterapias fabricada en Estados Unidos para el tratamiento de pacientes con cáncer.

Este complejo y costoso equipo estaba equipado con una bomba de Cobalto-60, un isótopo radiactivo que emite rayos gamma.

Pero a causa de que la clínica no contaba con el personal especializado para operarla, finalmente terminó guardada en un almacén acumulando polvo y allí permaneció durante varios años, en un lugar que no cumplía con los requisitos mínimos de seguridad para un equipo de este tipo, asegura una investigación de la Comisión Nacional de Seguridad Nuclear y Salvaguardias (CNSNS).

No fue hasta diciembre de 1983 que este aparato despertó el interés de Vicente Sotelo Alardín, un técnico de mantenimiento de la clínica, quien observó la máquina (arrumada en un ambiente con otras cosas viejas o en desuso) y pensó que podría sacarle provecho pero como chatarra para vender y ganarse un dinero extra.

Sotelo, ayudado de un compañero, desarmó la máquina y extrajo y perforó un cilindro que contenía el material radiactivo (unos 6000 gránulos de cobalto-60). Como es evidente, los hombres ignoraban por completo la peligrosidad a la que se estaban exponiendo.

Con el material en sus manos, subieron a una camioneta y la llevaron al Yonke Fénix, un depósito de chatarra de la ciudad donde lo vendieron.

Al haber perforado el cilindro, los gránulos radiactivos quedaron regados en la camioneta, en la chatarrería y hasta en las calles de Ciudad Juárez.

En el Yonke Fénix el cobalto-60 se mezcló con otros residuos y se vendió a compañías fundidoras donde se fabricaban metales utilizados en la fabricación de mesas, sillas y en el sector de la construcción.

Esto provocó que miles de toneladas de material que contenía cobalto-60 terminara en más de la mitad de estados de México y en Estados Unidos. En otras palabras, había casas y edificios que en su construcción se empleó material radiactivo.

La venta ilegal de material radiactivo y cómo llegó a ser utilizado en la construcción de edificios en México y Estados Unidos

Camiones que trasladaban el material radioactivo en varillas metálicas para construcción. Créditos: El Heraldo de Juárez.

Las alarmas se encendieron cuando un camión transportaba varillas mexicanas dentro del estado de Nuevo México, en Estados Unidos.

El vehículo llamó la atención de los detectores de radiación del laboratorio nuclear de Los Álamos.

Desde el Departamento de Salud de Texas y la Comisión Reguladora Nuclear notificaron al gobierno de México de lo que habían descubierto, y fue entonces que comenzó una ardua investigación que llevó a desenmarañar este complejo incidente.

La investigación llegó a dar con la camioneta donde se transportó el cobalto-60 hasta el Yonke Fénix.

El vehículo había estado parado durante varios meses en la casa de Sotelo provocando que los vecinos y las personas que se acercaban, se expusieran a dosis de radiación más altas de lo permitido.

Al analizar detalladamente la camioneta se descubrió que en algunas partes la radiación alcanzaba los 1000 rads, lo que es equivalente a 20.000 radiografías.

Detectando construcciones radiactivas

La camioneta de Sotelo Aldarín, uno de los objetos que mayor riesgo representó, siendo enterrada en el vertedero junto con el demás material radiactivo. Créditos: Comisión Nacional de Seguridad Nuclear.

Como era de esperarse, el proceso de recolección de residuos y descontaminación fue largo y tedioso.

Debido a que las compañías que producían materiales férreos comercializaban sus productos a nivel nacional, se tuvo que hacer una exhaustiva revisión. En total se produjeron 6.600 toneladas de varilla y 3.000 bases metálicas para mesas que estaban contaminadas.

Fue necesario inspeccionar 17.600 construcciones y de todas ellas se tuvo que demoler 814, pues era peligroso seguir habitándolas.

Finalmente, todo el material contaminado que pudo ser recuperado fue sepultado en una excavación hecha en una zona desértica al sur de Ciudad Juárez. Allí enterraron las varillas, las bases metálicas para mesas y hasta la camioneta de Sotelo.

Todo quedó bajo toneladas de concreto, puedes leer el informe de la comisión investigadora aquí.

Conclusión

El accidente nuclear en México en 1984, causado por la negligencia y la ignorancia de un técnico, llevó a la contaminación radiactiva en gran parte de México y Estados Unidos, y sirve como un recordatorio de la importancia de la seguridad y el cumplimiento de los procedimientos adecuados en la manipulación de materiales peligrosos.


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